Día Mundial de la Asistencia Humanitaria: Agradecer, alertar, recordar

30 noviembre 2020

Por: Oscar Calderón  – Director Regional Latinoamérica y el Caribe

El 19 de agosto se celebra el día de la asistencia humanitaria. Una fecha oportuna para reflexionar, que yo concreto en tres acciones: 

AGRADECER, las continuas y esperanzadoras imágenes de personas, quienes de manera organizada o espontánea, vencen en miedo y la parálisis para socorrer y aliviar el sufrimiento humano amenazado por tantas causas, muchas asociadas a las violencias armadas, la crisis ecológica, las crisis de las democracias, las injusticias, y ahora mismo, la crisis sanitaria global generada por la COVID-19. Somos testigos de múltiples esfuerzos de solidaridad de personas en las comunidades de acogida, por generar mejores condiciones de vida a las personas refugiadas, desplazadas y migrantes forzadas, en donde unos y otros, salen al encuentro para transformar las condiciones a unas más dignas.  Con este mismo sentimiento de gratitud, quiero saludar a las, alrededor de 300 personas vinculadas al Servicio Jesuita a Refugiados en América Latina y el Caribe, y a las cientos de personas del JRS alrededor del mundo, unido también a la gratitud por los compañeros y compañeras de los Servicios Jesuitas a Migrantes, sus vidas comprometidas son semillas de esperanza y ánimo en el camino de muchas personas que huyen para salvar sus vidas u ofrecer un futuro esperanzador para ellos, sus hijos y sus familias. Compañeros/as, les aseguro que sus esfuerzos y desvelos nunca serán en vano, muchas veces nos toca sembrar la semilla, pero otros recogen la cosecha, al final, todos/as hacemos parte del cultivo de la esperanza.  


En segunda medida, quiero ALERTAR, no son tiempos fáciles para la asistencia humanitaria, y para las y los trabajadores humanitarios, nos enfrentamos a desafíos complejos, muchos que no son nuevos pero que requieren respuestas novedosas y creativas; tenemos cada vez más, el reto de superar  la  criminalización de la ayuda y la solidaridad, nadie puede sentir miedo de ser señalado, judicializado o estigmatizado por apoyar a una persona en grave estado de peligro y vulnerabilidad.  

Este reto nos lanza a otro, que además, se convierte en un llamado a los Estados y al conjunto de la sociedad para proteger el derecho humano del acceso a la asistencia humanitaria, vinculado al derecho a la vida y al mínimo vital, y a de esta manera no permitir su instrumentalización política, y por lo tanto, del mismo dolor humano. El imperativo humanitario nos convoca para no escatimar ningún esfuerzo en ayudar en la tarea de evitar o mitigar el sufrimiento humano, especialmente con atención a los grupos más vulnerables. 

Y, RECORDAR, que estamos llamados a garantizar los principios en todas nuestras acciones, por eso nos extendemos como organización humanitaria para socorrer y asistir, atender y reparar el daño causado en tantos hombres y mujeres, teniendo siempre el cuidado necesario para no sustituirlos en las decisiones que ellos y ellas deben tomar; acompañamos con responsabilidad, atendiendo a la neutralidad, nuestra única opción son los pobres y víctimas de tantas injusticias y desigualdad.

Compañeros-as, les aseguro que sus esfuerzos y desvelos, nunca serán en vano, muchas veces nos toca sembrar la semilla, pero otros recogen la cosecha, al final, todos/as hacemos parte del cultivo de la esperanza.  

Oscar Calderón – Director Regional del Servicio Jesuita a Refugiados para Latinoamérica y el Caribe